La bailarina y el espejo. Daniel Soutif

Existe, entre las obras de Pilar Cossio, un dibujo sorprendente que muestra el fragmento de un vestido de mujer. El encuadre escogido por la artista concentra la mirada sobre el busto y la pelvis de la modelo. El talle marcado por una sutil cintura , deliciosamente  anudada, divide la superficie a media altura a la vez que desplaza la imagen hacia la izquierda como si un error de enfoque hubiera estado a punto de dejar que el motivo  escapase  del cuadro. Curiosamente,  los trazos,  especialmente  delicados, se acumulan  sin embargo  compulsivamente para formar una mancha oscura  en el lugar en que la tela,  como si fuera un chal  cruzado sobre el pecho,  abraza el seno izquierdo de este cuerpo de mujer que, aunque apenas esbozado, se insinua y  nos cautiva .
pic   BORDERLINE 1 gris BLAZQUEZ

Reunidos en amplias ondas que parecen fluir del borde superior derecho,  los trazos  que concentran así toda la gravedad de esta singular imagen,  adquieren  enseguida una especie de autonomía.  A fuerza de mirarlos  su significado inicial se pierde  y se convierten en cabellera o  en rio, o   en corriente.  .Esa  vitalidad  arrastraría  toda la imagen en su flujo si no lo interrumpiera de golpe la vertical que marca el encuentro con la otra mitad del vestido ,  la que  cubre  simetricamente pero de manera mas discreta, el seno izquierdo.  Hay otras líneas ,  dotadas de una presencia menor,  que añaden al dibujo,  cuyo aspecto aparentemente anodino, enseguida se revela engañoso,   otra divergencia de naturaleza,  esta vez  paradójicamente fotográfica :  a la derecha,  los contornos del cuerpo de la mujer o,  más exactamente de su vestido,  son dobles como por uno de esos efectos de desenfoque   que a veces se producen involuntariamente mientras fotografiamos .  A decir verdad ,   Borderline  ( tal es el título del dibujo del vestido )  no es la única obra de Pilar Cossio que se apoya en  la doble imagen.  Encontraremos otras formas en otros dibujos,  el  titulado Bahía Arco Gas  o  en la  imagen de la niña cuyo título es Autour les choses  o,  más explícitamente aún,  en una obra,  esta vez de hecho fotográfica ,  que bajo el título Hamburg II,  muestra una figura humana  (¿un andrógino,  un hombre? )  cortada  por  arriba a la altura de los labios,  y  por debajo en el nacimiento superior del pecho.

Estas imágenes  pueden ayudarnos a  resumir algunos sentimientos  que el arte de Pilar Cossio no puede dejar de suscitar.  En su obra en efecto, los cuerpos sólo se revelan al espectador desde  la ausencia o el eclipse,  desaparecidos o  a  punto de desaparecer.  Su naturaleza en permanente desplazamiento  no nos deja de ellos mas que unas huellas fugitivas,  o si son estables,  son  solamente metonimicas .  Volveré más adelante sobre este último punto, pero solo después de haber señalado que, en todo caso, son escasísimos  los rostros y que,  cuando  aparecen,  como  el  de la niña de  Autour les choses,  parecen surgir de un vértigo interior  que  les proyecta a una distancia  aún más infranqueable,  como si perteneciesen a otro mundo diáfano. ( En el caso de Autour les choses,  esta sensación está aún más acentuada   por la sobreimpresión ya que el dibujo está recubierto por una imagen, quizás fotográfica,  que muestra una casa , un abeto.)

Sólo en ese otro mundo – transportado  por el tiempo y  vivo nada mas que en la memoria  –  podrían encontrarse estas mujeres  de las que solo nos quedan esas huellas metonimicas  y sobre todo esos escarpines preciosos y mágicos,   nimbados de un aura quirúrgica  (   plexiglás  y  agresivas abrazaderas metalicas  ),  que Pilar Cossio muestra sin tregua.  En cuanto a estas exhibiciones frías pero intensas,  algunos se atreverían a invocar la tradición freudiana y el articulo de 1927 en el que figura la famosa declaración del fundador  del  psicoanálisis:  “Yo voy seguramente a defraudar al decir que el fetiche es un substituto del pene.”  Incluso acompañada de la precisión que sigue,  según la cual el fetiche no es el sustituto de cualquier pene, sino  el “del falo de la mujer ( la madre)  en el cual ha creído el niño y al cual, no sabemos por qué, no quiere renunciar”. Incluso ,cuando más adelante en el texto, Freud explica que pie y zapato son “los fetiches preferidos”,  precisamente porque “el niño ha espiado el órgano genital de la mujer desde abajo, a partir de las piernas”,  una lectura freudiana de las obras de Pilar Cossio caería  en lo anecdótico y el estereotipo. Es evidente que  la metonimia sobre la cual se elabora,  reposa  en la ausencia ,  pero no necesariamente en  aquella resultante de la castración,  el llamado destino  a  la inversa  de la feminidad. Y,  si necesariamente hubiera que  invocar el fetichismo,  conviene entonces hacerlo  por  su vertiente mágica, anterior al freudismo,  esa vertiente tan bien percibida por Binet,  el otro médico del alma,  según el cual  “todo el mundo es más o menos fetichista en amor”  y  que,  de creer en la lectura que de ello ha hecho  J.-B. Pontalis,  ha sabido reconocer en “el fetichismo sexual,  más que una aberración del amor, su secreto” 1 .   Así entendido el fetiche justifica pues que se le adore,  de la misma manera que el supuesto  primitivo adora el suyo en virtud de los poderes misteriosos que  le atribuye.

En otras palabras, en la obra de Pilar Cossio  es la mujer misma,  no su pene seccionado,  la que se ha ausentado,  se ha ido de esos preciosos escarpines,  de la misma manera que la bailarina de Pavana  ha abandonado su tutú y a partir de entonces,  libre ,  flota en el aire nimbado por  un halo de luz ,  mientras  que en el suelo un espejo circular transforma  su interior en abismo.  Por lo demás ¿Quién sabe  si no fué a través de este espejo  que  escapara la bailarina,  para que  eternamente sintieramos  su ausencia?

DANIEL  SOUTIF, febrero 2006  París

1. El artículo de Freud sobre el Fetichismo está íntegramente reproducido en el número 2 Objetos del Fetichismo de la Nueva revista de Psicoanálisis (otoño 1970) de donde provienen igualmente las citas de Binet y de J.-B. Pontalis