Madeleine. Francis Dupré (París)

Pilar Cossio, no nos da, me parece, a leer el mundo bajo el registro tiránico de lo ya conocido, ni busca transportarnos sólo por medio de su virtuosismo a “dónde sea fuera de este mundo”, esas regiones etéreas de Baudelaire están, para ella, aquí y ahora. Las cosas no hablan de sí mismas y para que se comprendan en los ruidos que tienen sentido antes que las palabras son necesarias la invención y la construcción como en el poeta; el sentido no viene dado por casualidad. La aparición de la relación significante de las palabras y de las cosas en sus composiciones, sus instalaciones nos expone cuando llega el momento a encontrar un experimentado sentido auténtico.

Sus asociaciones se disocian del sentido común, nos indican que no estamos condenados a vivir en una memoria de objeto, sino que debemos tener en cuenta siempre otro lugar y un significado bien diferente. Es la toma de posición y la apuesta lo que nos sacará de una cierta repetición a partir de la experiencia que ella nos muestra. Es en efecto ese lugar siempre provisional en donde se encuentra la artista en el acto donde la repetición no tiene lugar.

Natural, inquisitiva, la artista aparece en la espesura luminosa de una transparencia; está rodeada de estas siluetas color de amenaza. Esos pares armados, cabeza abajo, sometidos a no se sabe que ordenes, mantienen una postura idéntica mientras que la obra “Orchidée”, evoca ya la dehiscencia de la flor. Pero “Dehesa” con “Pianura” nos hacen ver y casi oír los rinocerontes rápidos y ciegos, que, en una precedente exposición en Paris, Pilar Cossio nos había trazado en y fuera del marco, como escapados de las composiciones murales de la prehistoria. Sobrepuestas las formas comprendían el zapato femenino pero orientado en sentido contrario a esta invasión cuyo salvajismo se dibujaba fuera del marco.
Grande, vacío y abierto, este zapato femenino nos deja oír el cante jondo del ser imaginario que es todo movimiento en el flamenco.

“Éter” es el envoltorio fluido, reencontrado en este montaje. Le permite invertir estos edificios, ver la cosa bajo otro aspecto distinto al de su función. Una desdoblada torre hace de basamento frente a lo que se erguía. Lo diáfano transforma los objetos, los hace perder su finalidad, indica un orden que no debe nada a nuestra certeza de ocupar un espacio habitual. ¿Es de nuevo el margen, un margen interior, el que permite al mundo salvaje habitar en la ciudadela sin más violencia?

“JAMAIS PLUS” es una mirada doble y múltiple que no interior; implicará un movimiento, unos desplazamientos…. El à-plat rojo lleva esa mirada de la muchacha hacia el lugar más abierto, hacia un devenir del ser auténtico desde el momento en que, como aquí, se utilice el espacio en la dimensión de una búsqueda.

“EURIDICE ” aparece con el vuelo de dos pies femeninos danzantes, el reverso de la caída de cuerpos a partir de dos fuselajes rojizos de la memoria viva. La asociación de las imágenes en confines de la memoria exige un reconocimiento subjetivo de que no habría debido reducir al mundo a un único aspecto.

En “Predela” los cuatro arcanos en forma de cuadros desiguales encuentran allí su proceso positivo, pero para cada cofre una lectura exigirá una polisemia que está por inventar. Es el juego semántico propuesto por Pilar al que tendremos que recurrir ahora. Pero lo que veremos sin él, es el monadock rojo hecho presente.

Antipódicos entre sí los paisajes evocados no se dejan unir.

¿Qué opción de relación significante aceptamos en nuestro deseo de ser despertados? ¿De encontrar algo verdadero? Por mi parte, Pilar Cossio no juega con la fascinación del enigma para sí misma, sino que nos propone permanentemente el riesgo de participar en un proceso poético a través de la relación de la equivocidad de las palabras con la problemática realidad de las cosas.

Francis Dupré
París, Julio de 2004